jueves, junio 29, 2006

¿Cómo lo harías, Wilder? 100 años de Billy





Estamos en un despacho en Los Ángeles. Delante de la ventana que da a la calle hay un escritorio dándole la espalda. En frente del escritorio, un cartel, “¿Cómo lo haría, Lubitsch?”


Un hombre alto, gordo, de cabeza redonda y grandes gafas llega a las puertas del cielo. Doradas y majestuosas, y junto a ellas, una mesa de oficinista a la cual está sentado San Pedro ojeando las noticias. El hombre se acerca al apóstol.
BILLY: Buenas tardes.
SAN PEDRO: Esperé cinco minutos, ahora estoy en mi tiempo libre.
El hombre retrocede dos pasos y se queda esperando con las manos en los bolsillos mientras San Pedro termina su descanso. Un timbre suena en la mesa y el apóstol cierra el periódico.
SAN PEDRO: Buenos días.
BILLY: Buenos días.
SAN PEDRO: A ver, déjeme ver. (San Pedro abre el primero cajón a la derecha en su escritorio y coge una pequeña carpeta en la cual empieza a buscar nombres tras colocarse las gafas) W. Buff, no sabía que hubieses tantos directores con con W.
BILLY: Ni yo.
SAN PEDRO: A ver. ¿Es usted Wyler?
BILLY: No, Wilder. Yo soy el de las películas de travestidos.
SAN PEDRO: ¿John Waters ha muerto?
BILLY: Samuel Wilder. “Con faldas y a lo loco”, “Testigo de cargo”, “Días de huella”...
SAN PEDRO: No las conozco. No tengo mucho tiempo para ver películas.
BILLY: Se supone que es inmortal.
SAN PEDRO: Pero es que la gente tiene una frecuente afición a morirse. Aquí está, Samuel Wilder. Sucha, Austria, 22 de julio de 1906. ¿Correcto?
BILLY: No se lo puedo decir con exactitud, era demasiado joven para recordarlo.
SAN PEDRO: Bien. Ha muerto usted el 27 de Marzo de 2002.
BILLY: No lo sé. Estaba muerto cuando sucedió.
SAN PEDRO: A ver. Pues bueno, a continuación haremos un repaso de su vida.
BILLY: ¿Me han hecho un biopic?
SAN PEDRO: No. Tiene que contarme su vida.
BILLY: ¿Para?
SAN PEDRO: Para informarme.
BILLY: Pero ustedes lo ven todo.
SAN PEDRO: Cree que me voy a acordar toda su vida, ni que fuese usted tan interesante.
BILLY: Ahora entiendo porque le hicieron portero.
SAN PEDRO: Es simple. Usted habla yo apuntó.
BILLY: De acuerdo, ¿por donde empiezo?
SAN PEDRO: Cronológicamente a poder ser.
BILLY: Como usted ya sabe nací en Austria. De pequeño era un traste y un poco travieso.
SAN PEDRO: ¿Prendió fuego a algún familiar o conocido?
BILLY: No.
SAN PEDRO: Vale. Continué.
BILLY: Pues bien. Yo adoraba los western y me encantaba Buffalo Bill, esto es una anécdota.
SAN PEDRO: Por mí como si le llaman “Lady Winchester”, sólo cuénteme lo básico de su vida.
BILLY: Quise ser abogado.
SAN PEDRO: Mal vamos.
BILLY: Pero me hice periodista.
SAN PEDRO: Qué bien vamos.
BILLY: Fui yendo un poco de país en país. Estuve en Berlín donde Hitler consiguió el poder y sugirió la idea de exiliarme. No le puse negativas y me fue para París donde escribí en periódicos además de empezar a interesarme por el cine y por las escritura de guiones. En esa época llegue a trabajar de compañero de baile de alquiler.
SAN PEDRO: Gigoló.
BILLY: No, compañero de baile de alquiler. Luego fui a México y esperé allí hasta que conseguí el visado para entrar en Estados Unidos. Entonces empecé a escribir argumentos originales para Paramount, y pasé un poco de hambre. Compartía una habitación con el actor Peter Lorre, vivíamos con una lata de sopa al día. Luego conseguí trabajo en Paramount; trabajaba en equipo con Charles Brackett y estuve allí dieciocho años. El ambiente creativo que existía en Paramount era maravilloso: paseabas por el estudio y podías ver a Sternberg, Gary Cooper, Dietrich, Leo McCarey, Lubitsch... Era un ambiente de gran creatividad: entonces hacíamos películas, no negocios. Hoy, dedicamos el ochenta por ciento de nuestro tiempo a hacer negocios y sólo el veinte por ciento restantes a hacer películas.
SAN PEDRO: Limítese a su biografía.



BILLY:
Recuerdo perfectamente el día en el que dedicí ser director. Fue cuando vi una película cuyo guión yo había escrito para la UFA, en Alemania. En la película salía un club nocturno que tenía un gran cartel en el exterior: "Es obligatorio llevar zapatos y corbata". Había dos porteros, que miraban a las personas que entraban para ver si llevaban zapatos y corbata. En uno de los gags que escribí, un hombre llevaba una barba larga; el portero lo para y mira debajo de la barba para asegurarse de que lleva corbata. Cuando fui a ver la película, me encontré con que el director le había puesto a ese actor una perilla; ya no había una barba que levantar para mirar debajo. El director conservó el chiste porque creyó que seguiría siendo divertido; pero ya no tenía gracia. Así que dije: "hasta aquí hemos llegado".
Uno debe recordar, como guionista, que nadie va a leer lo que escribe. Por eso me hice director, porque nadie leía mis guiones.

SAN PEDRO: Quiere dejar de barallar sobre cine.
BILLY: Es parte de mi vida. Yo tengo diez mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡No debes aburrir!. El décimo dice: tienes que tener derecho al montaje final de la película.
Bueno. Mi primera película fue “La mayor y la menor”, bueno, si le digo la verdad, fue la segunda. La primera fue “Curvas peligrosas” pero de esa no estoy satisfecho. Fue por pura necesidad y sin la más mínima experiencia.



SAN PEDRO: Siga.
BILLY: La verdad es que gran parte de mi vida importante ha sido la carrera cinematográfica. Nunca pensé en que clase de director sería, solo me plantee hacer una película. Me aburro si hago siempre lo mismo. Admiro a Hitchcock; pero no podría trabajar como él, porque siempre hacía la misma película. Me dije: "Ahora voy a hacer una película mejor que Hitchcock" e hice Testigo de cargo , por ejemplo. Salto de un lado a otro, como una pieza de ajedrez, siempre con proyectos diferentes... Puedo hacer distintos tipos de películas. Spielberg hace lo mismo: después de rodar una película de dinosaurios, hace una de nazis. Es muy difícil copiar o parodiar una película mía, porque uno nunca sabe bien lo que va a ver.
SAN PEDRO: Estamos hablando de su vida.
BILLY: Pues como iba diciendo, hice El mayor y la menor. Recuerdo que estaba tan nervioso que fui a ver a Lubitsch. Yo le dije: Mañana rodaré la primera escena de mi primera película. Me temo que me voy a cagar en los pantalones. Lubitsch me dijo: "No te preocupes. Yo he rodado casi cincuenta películas y cada vez tengo tanto miedo que me cago en los pantalones". Al acabar de hacerla continué dirigiendo películas. Dirigí Cinco tumbas en el cairo. Cuando me encontré por primera vez ante aquel cineasta tan admirado, de la época del cine mudo, me sentí azorado. Para vencer el apuro que sentía, al pensar que yo, como principiante, me estaba atreviendo a ofrecer un papel al gran director de Avaricia, La viuda alegre o La marcha nupcial, le dije: con sus películas, usted se adelantó en diez años a su tiempo. Stroheim me miró y me corrigió: ¡En veinte años!". Era un tremendo placer, aunque requería mucho esfuerzo, trabajar con él, aunque sólo fuera porque era un fanático de la exactitud. Por ejemplo, nos sugirió que hiciéramos poner una pequeña reja al reloj de pulsera de Rommel porque Stroheim se acordaba de que los oficiales de la I Guerra Mundial la llevaban para proteger el cristal del reloj de la metralla de las granadas. Nosotros le dijimos que ese tipo de detalles era irrelevante, ya que nadie se iba a dar cuenta pero él tenía razón: el público se da cuenta de si un requisito es verdadero o falso. Continué Perdición, la cual adoro sobretodo por la historia y aparte por trabajar con Raymond Chandler; Días sin Huella en la que por primera vez se tocó de forma seria el tema de alcoholismo, lo cual no gustó a algunos: El vals del emperador aunque esta la odio porque Bing Crosby me obligó a cambiar diálogos y tuve que hacerla en color y el aseguro que en aquella época el uso del color me irritaba bastante, Berlín Occidente que disgustó al ejército por la forma de retratar el Berlín de la post guerra, El crepúsculo de los Dioses donde conocí a William Holden. Quizás El crepúsculo de los dioses es una película cínica, pero para mí esa película es Hollywood; el guionista, el agente, la estrella olvidada, todos eran retratos del natural.El gran carnaval, Traidor en el infierno donde volví a trabajar con Holden, Sabrina, por cierto, tengo ganas de ver que tal le va a Bogart. La tentación vive arriba.
SAN PEDRO: Uff, que mal vamos.
BILLY: Es una película de Marilyn Monroe. Sobre la impuntualidad de Marilyn debo decir que tengo una vieja tía en Viena que estaría en el plató cada mañana a las seis y sería capaz de recitar los diálogos incluso al revés. Pero, ¿quién querría verla?... Además, mientras esperamos a Marilyn Monroe todo el equipo, no perdemos totalmente el tiempo... Yo, sin ir más lejos, tuve la oportunidad de leer Guerra y Paz y Los miserables. Marilyn no necesita lecciones de interpretación; lo que necesita es ir al colegio Omega, en Suiza, donde dan cursos de puntualidad superior. Me han preguntado si volveré a trabajar con M. M, y tengo una respuesta clara. Lo he discutido con mi médico, mi psiquiatra y mi contable, y todos me han dicho que soy demasiado viejo y demasiado rico para someterme de nuevo a una prueba semejante. En realidad Marilyn era un absoluto genio como actriz cómica, con un sentido extraordinario para los diálogos cómicos. Tenía ese don. Nunca después he vuelto a encontrar una actriz así. Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la II Guerra Mundial. Hay una cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena. El problema de Marilyn es que se enamoraba con mucha rapidez. No era la clase de mujer que se supone que debe ser un símbolo sexual, y eso la mató... Marilyn era una mezcla de pena, amor, soledad y confusión. Monroe era de carne, y se fotografiaba de carne. Tenías la impresión de que bastaba con alargar la mano para poder tocarla.
SAN PEDRO: Dios mío, dejelo ya. Quiera dejar de irse del tema.
BILLY: Luego hice El héroe solitario, de la cual no estoy muy contento, es que Stewart no me pegaba como Lindberg además quería meter ciertos detalles pero me lo prohibieron y tuve que ceñirme al simpe hecho de que Lindberg cruzaba el Atlántico. Hice Ariane que creó que fue donde por fin pude hacer algo muy Lubitsch aunque le digo que este es inimitable. Hice Testigo de Cargo y le diré que Laughton es el mejor actor con el que he trabajado. Durante el rodaje, cada tarde nos sentábamos y decidíamos qué escena rodaríamos al día siguiente, y la desarrollábamos. Después, Laughton entraba en mi depacho y me decía: - La escena que queremos rodar mañana me parece que es muy importante. Y se me ha ocurrido una idea. ¿Qué te parece si.....?. Y a mí me parecía una idea brillante. Y después de una pausa me decía: - De todas formas, creo que.... Y de nuevo interpretaba la escena con brillantes ocurrencias todavía mejores. Y esto se repetía hasta que me había interpretado veinte versiones de una escena y todo sin cambiar ni una sola palabra del texto. Cada una de sus interpretaciones era una versión más enriquecedora con respecto a la anterior. Y es que Laughton podía hurgar en su talento como un niño feliz en una caja de juguetes llena a rebosar. Es mucho más frecuente encontrarse con el otro extremo, es decir con el actor que es tan modesto, tan tímido, que no aporta nada de sí mismo. Y eso que no he hablado de Dietrich, Marlene era única e inigualable yo la adoraba a ella y ella me adoraba a mi.


SAN PEDRO: Se me olvidaba la pregunta, ¿es usted comunista, lo ha sido o ha mantenido contacto con algunos?
BILLY (sorprendido): ¿Qué?
SAN PEDRO (se ríe): Qué no, que es broma. Tendría que ver cuando le gasté la broma a Dalton Trumbo. Bueno, continué.
BILLY:Luego las cosas me fueron bien. Hice Con faldas y a lo loco, quería hacer una comedia donde todo fuese perfecto, todo estuviese sincronizado, y creo que lo conseguí. Y no hablemos de Jack Lemmon. Nació para la comedia y me encantaba a trabajar con él, me sentía cómodo. Repetí con el en El apartamento, que también me entusiasmó. Hice después “Un, dos, tres” con James Cagney, tocaba el tema de la guerra fría. Ante un americano puede bromear de todo menos bromear con eso. Nadie quería reirse de la comedia Este-Oeste que tenía lugar en Berlín, mientras había gente que, arriesgando su vida, se tiraba por las ventanas para saltar por encima del muro, intentaba nadar por las alcantarillas, recibía disparos, incluso moría de un disparo. Naturalmente, también se puede bromear con el horror. Pero yo no podía explicarles a los espectadores que había rodado Uno, dos, tres en circunstancias distintas a las que reinaban cuando la película se proyectó en los cines. Luego tiré por algo más normal, Irma La Dulce, al principio quería que fuese un musical, pero me di cuenta de que no era lo mío. A algunas personas les disgustó el hecho de que salieran prostitutas. Creo que las mujeres más interesantes en una película son las putas. Tras esto realicé Bésame, tonto. Y aquí si que la cagué. Ni los periodistas, ni la iglesia ni ningún ciudadano medio respetable podrían soportar la idea del adulterio y la prostitución en una película. Al parecer eran actos que solo los seres más viles frecuentaban hacer. Hicé En bandeja de plata. Naturalmente toda la estructura era menos divertida que en El apartamento. En esta se trataba del placer de tres o cuatro personas que, constantemente y a cualquier precio, querían joder, y en En bandeja de plata se trata sólo de dinero. También la decisión en favor de la verdad que Lemmon toma en ambos casos es en El apartamento más forzosa y menos difícil. De lo que más me siento orgulloso en esta película es que fui yo el primero en filmar a Walter Matthau y a Jack Lemmon. Eran como dos pantuflas viejas. Te sentías comodo y bien con ellas. La verdad es que aquí también estuve ácido, hablaba de la gente, de ser humano, y algo peor, del ser humano y el dinero. Pero al parecer el dinero es algo más aceptable que el adulterio.



Luego hice La vida privada de Sherlock Holmes. No tuve suertes, a los productores les parecía larga y la obligaron a recortarla. Y no lo entiendo, tres horas. La lista de Schindler dura más de tres horas. Eso me pasa por no hacer antes una peli de Godzilla. En Hollywood todo es demasiado largo, menos la vida y el propio pene. Respecto al éxito, no es que fuese odiada pero tampoco la adoraban. Volví por senderos más normales e hice ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? Y se me ocurre algo respecto a ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?: habría sido más atrevido y dramático que el hijo descubriera que su fallecido padre viajaba a Italia, no porque tuviera allí una amante, sino porque era homosexual. Entonces sí que se habría convertido en una película atrevida. Tal y como es la película, es demasiado íntegra, demasiado correcta, demasiado suave. El padre tiene una amante; en estos momentos, eso puede pasarle a cualquiera. A la gente no le entusiasmó. Hice Primera plana. En la actualidad, creo que fue estúpido por mi parte hacer un remake de Primera plana. Además, no rodé la película porque yo mismo hubiera sido periodista de joven, como a menudo se ha pretendido. No, mi error fue rodar una nueva versión de una pieza de la que ya había una versión cinematográfica convincente. Además, cuando Hetch y MacArthur escribieron la historia era absolutamente actual. Es decir, es una sátira de los años veinte sobre los años veinte. Cuando se lleva al cine cincuenta años más tarde, se convierte en una película costumbrista corriente. Aunque a la gente y a la crítica le gustó. Bueno, no a toda, a la gente le encantan las críticas siempre y cuando no se vean criticados. Ya supone usted como reaccionaron algunos periodistas. Que más…… hice Fedora, de nuevo con William Holden. No me gustó mucho. Marthe Keller llegó al plató frunciendo la nariz y diciendo que con Pollack siempre ensayaban. Yo le contesté que de acuerdo, que ibamos a ensayar, y ella me dijo que ahora no quería. En realidad, la Keller no tenía ni encanto ni estilo. Creo que tiene que ver con que es suiza. Aunque cojas el par de zapatos más bonito y elegante de París o de Milán, si lo pones en un escaparte de la Zürcher Bahnhofstrasse, siempre adquieren el aspecto de saldos. Creo que ella fue el problema. Las críticas fueron tibias. Y finalmente hice Aquí un amigo. No sé, no fue lo mejor. Creo que fue absolutamente erróneo coger a dos cómicos. Después de haber rodado durante dos semanas me di cuenta que tendría que haberle dado el papel de asesino a alguien que impresione, y no a un cómico. A Clint Eastwood, en lugar de a W. Matthau. No estoy despreciando a Matthau como actor serio, odio esta palabra, pero simplemente el público tiene esa visualización de una persona. No fue mi gran éxito y mi gran despedida. (San Pedro está apoyado en su sillón durmiendo) Oiga. Despierte.
SAN PEDRO: Qué, oh perdone.
BILLY: Le cuento mi vida y no me presta atención.
SAN PEDRO: Pero si ha estado media hora hablándome de sus pelis. A mi eso no me importa, ¿cree que si usted hubiese hecho Ciudadano Kane y luego hubiese matado a alguien le habríamos dejado entrar?
BILLY: ¿Orson Welles mató a alguien?
SAN PEDRO: No. Pero por favor, podría contarme algo importante de esos años sin hablar de cine.


BILLY: A lo largo de mi carrera tuve dos co-guionistas principalmente. Charles Brackett y después I. A. L. Diamond. Los actores con los que más he trabajado han sido Jack Lemmon, Walter Matthau y William Holden. He escrito guiones para Howard Hawks y Lubitsch. He tenido éxitos y he tenido fracasos.
El gran carnaval era una película muy buena; el argumento tenía fuerza y estaba bien trabajado. Pero la gente no quería saber; la gente no quiere que le cuenten que si hay un accidente en la calle y hay un herido grave, antes de ir a avisar a un médico, se quedan contemplando con curiosidad morbosa la tragedia. Eso es lo que había en la película: el circo, la música, la gente emborrachándose y pasándoselo bien... Diría que no es un tema fácil de digerir, la gente se sentía un poco culpable.
Llevo mucho tiempo en esto y no me engaño. Por lo general, cuando una película no funciona, uno dice que se adelantó a su tiempo, o que se estrenó demasiado cerca de la Navidad, o que era justo después de la Navidad y la gente se había gastado el dinero en regalos, o que fue un fracaso porque hacía muy buen tiempo y la gente se fue a la playa, o porque llovía y la gente se quedó en casa. Uno busca toda clase de excusa. La excusa para esta película puede ser que escogí un tema y, al parecer, no era la película para aquel momento
. He estado casado dos veces. Con Judith Coppicus con la cual me casé en 1936 y me divorcié en 1946. Y con Audrey Young. Me casé con ella en 1949 y de la cual no me he divorciado hasta que la muertes nos ha separado.
SAN PEDRO: ¿Está muerta?
BILLY: El que se ha muerto he sido yo.
SAN PEDRO: ¿Algo más que añadir?
BILLY: No volví a hacer cine. Dije que no iba a retirarme pero tal vez yo ya estaba viejo, o la industria ya no admitía tipos como yo, o no encontraba proyectos realizables. Di entrevistas, entre ellas a Cameron Crowe el cual escribió un libro, hablé mucho con Fernando Trueba, sobretodo después de lo de los Oscars.
SAN PEDRO: ¿Es usted el Wilder de “Me gustaría creer en dios pero yo solo creo en Billy Wilder”?
BILLY: Sí. Y después de eso me llamaba gente que creía que había muerto. Quisé hacer La lista de Schindler, pero Spielberg lo consiguió antes. Creo que si yo la hubieses dirigido habría sido una liberación o una confesión, bueno, no se el resultado. Cada vez que veo la película creo que entre tanto extra uno de ellos está interpretando a mi madre y a mi abuela. Creo que esto es todo.
SAN PEDRO: Por fin. Veamos. Es usted un austriaco que desciende de judíos, quiso ser abogado, se hizo periodista, luego escritor, le gustaba criticar en sus películas y encima ha ejercido como Dios pagano.
BILLY: Nadie es perfecto.
SAN PEDRO (le entrega un ticket de color amarillo cobrizo): A la derecha, siga recto y llegará a las oficinas. Allí colóquese en la fila junto a la línea amarilla.

Billy Wilder gira hacia la derecha y caminando llega a las oficinas. El lugar es enorme y su arquitectura es clásica, el sitio parece un banco y esta lleno de filas de personas junto a un montón de rayas de diferentes colores. De repente Wilder observa en una fila a unas personas conocidas. Billy corre hacia la línea roja y saluda a su madre y a su abuela.
BILLY: ¿Pero que hacéis aquí?
MADRE: Estamos esperando nuestro turno.
BILLY: Madre. Es que no sé que debo decir.
ABUELA: silencio, van a decir el turno.
MEGÁFONO: Número Cinco millones, trescientos cuarenta y dos miles, ochocientos setenta y uno.
ABUELA: Ya solo nos quedan veinte turnos.
Un ángel se acerca a la reunión familiar.
ÁNGEL: Déjeme ver su ticket. (Comprueba el ticket dorado) Espere en la fila amarilla.
BILLY: De acuerdo, nos vemos luego, tengo tanto que contaros.
Billy se coloca en la fila amarilla. Aparecen paseando por ahí Chaplin, Groucho Marx y Lubitsch.
LUBITSCH: Cuanto tiempo Billy.
BILLY: ¿Qué hacéis por aquí?
GROUCHO: Estamos expiando culpas en el purgatorio.
BILLY: Pero si os moristeis hace casi 30 años. Y Ernst se murió hace más de 50.
ERNST: Yo solo les hago compañía.
CHAPLIN: Se encuentra correcto morirse después de tener sexo pero no tener sexo con varias chicas.
BILLY: Yo he estado casado más de cincuenta años con la misma mujer.
GROUCHO: Siempre fuiste un tipo muy monótono.
BILLY: ¿De verdad la fila es tan lenta?
GROUCHO: Te diré lo mismo que le dije a una de mis amantes “No te preocupes, dentro de cinco minutos este empezará a moverse”



Aparece un fondo blanco y Billy Wilder se coloca ante la cámara.
BILLY: El escritor de este artículo me obliga a comunicarles que pronto publicará un repaso a mi filmografía y también publicara anécdotas y frases, siempre y cuando ustedes no colaboren. Tienen total libertad para hacerlo. Y también para hablar sobre mí. (Mientras se va dice algo susurrando) Pues como sea tan buenos como este artículo que mal vamos.
La luz se va y se oye un disparo.


Wilder: 22/07/1906--- 27/03/2002


Me gustaría morir a los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar, in fraganti, con su joven esposa.




* El texto en cursiva son auténticas frases de Billy Wilder.

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