viernes, diciembre 22, 2006

insomnia

No puedo dormir, así que escribo.
A riesgo de volverme una adicta a las valerianas (soy demasiado cobarde para atreverme con los somníferos de alta graduación), he decidido coger papel y un bolígrafo a punto de morir y dejar huella de mi desesperada cruzada contra la noche y el sueño.
Dicen que el aburrimiento hace que te duermas. Estoy de acuerdo solo en parte. En clase sí que te duermes de aburrimiento, pero cuando estas en la cama, irónicamente esto no sucede. Aunque después de reflexionar unos segundos, me doy cuenta de que quizás no estoy aburrida, sino más bien nerviosa o intranquila. ¿Los motivos? Varios. ¿Las ganas de describirlos aquí? Nulas.

Esta mañana (cambiando de tema), me he levantado resacosa, y eso que no bebí nada antes de acostarme. Tenía la cabeza nublada, la boca pastosa y los ojos hinchados. Una cierta confusión me ha seguido durante buena parte de la mañana. ¿Habré tenido sueños etílicos que no recuerdo? Puede ser.

A lo mejor estoy derivando en algo curioso. Algo que no puede dormir y que se levanta con resaca de sueño.

Me acuerdo que de niña sufría de insomnio. Mis pesadillas eran entonces la causa de mis noches interminables, en pleno agosto, tapada hasta el cuello y sudando como un pollo. Me acuerdo que el sudor frío hacía que las sábanas se me pegaran al cuerpo.

Daba gracias cuando mi madre me llamaba para irme al cole.
Sinceramente, espero no volver a todo aquello.

¿Cómo puedo dormirme si por la mañana no recuerdo si lo he hecho por la noche? ¿Esta frase tiene sentido?

Estoy ahora despierta… ¿del todo? ¿Escribo en ensoñaciones?
¿Me daré un susto al cabo de unas horas cuando lea esto y no me acuerde haberlo escrito?
No se que hora es pero no es muy tarde (bien.) tengo los ojos hinchados (mal.).

En un desesperado intento para llenar el tiempo, me he puesto a abrir cajones y armarios de mi habitación. He ordenado la ropa, he leído escritos míos de hace tiempo, y he encontrado objetos que ya no recordaba que tenía. ¿Me tendría que sentir nostálgica? Según la creencia popular, sí. Pero nada de eso. ¿Seré un monstruo? ¿Estaré demasiado cansada para sentir emociones? ¿Habré perdido la facultad de sentirlas ahora que he agotado los recursos? ¿Estoy divagando?

Lo veo todo borroso y pares de zapatos oscuros me devuelven la mirada desde la otra punta de la habitación.

No me he mirado al espejo, pero seguramente tengo un aspecto horrible. ¿Qué más da?

Estaré igual por la mañana, o peor.
Mis características ojeras (que ya empiezan a ser un signo de mi identidad), me darán los buenos días de aquí pocas horas. ¿Buenos días? Los tendría si hubiera tenido buenas noches.
Vale, sí, voy a apagar la luz y confiar en que no daré demasiadas vueltas en la cama. Sé que es una utopía, pero espero soñar con los angelitos. Espera, ¿he escrito “angelitos”? Realmente, divago…

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